sábado, agosto 27, 2005

ninguno

Abrí mis brazos, estaban llenos.
Sonrisa en mi rostro,
cerré mis ojos y tenía trocitos de cielos.

Tú estabas lejos.
Fuiste tras el mágico sueño,
buscabas un tiempo que estuvo muerto.

Teníamos una risa sana.
Nos quedamos tartamudas,
al beber del mismo agua.

Y ahora vuelves.
Guardas recuerdos y
querrás volver al sueño.

Yo marcho, vencer mis miedos.
Saldrán afuera,
bajo el archipiélago de sentimientos.

domingo, agosto 21, 2005

de esperas...

Hace frío, tan solo un poco. Es muy temprano, todavía se pueden ver algunas estrellas; me levanto quiero tomar una ducha caliente antes de comenzar el día.
Preparo la maleta algo apresurada porque creo que me falta tiempo, escojo lo necesario, sólo serán unos pocos días. Desayuno lo de siempre, mi leche con cola-cao, ya estoy lista; solo me queda esperar a que me recojan. Se retrasan un poco, puedo decir que odio la impuntualidad es algo que me revienta pero bueno, no todos somos tan puntuales, a veces es divertido hacer esperar, aunque hoy no.

El viaje bastante bien hasta mi primer destino, se pasó rápido. Estuvimos hablando sobre lo que íbamos a hacer estos días, cada uno tiene un destino distinto, playa, montaña y hasta la ciudad.
Suena “Depeche Mode”, y dice algo así como “I´m waiting for the night to fall, when everything is bearable…” traduzco por si alguien que lea esto no sabe mucho inglés, “estoy esperando a que caiga la noche, es cuando todo es llevadero”… bueno algo así. Hace mucho sol, creo que será un día muy soleado, uno de estos días de calor abrasador si nos encontráramos en Valencia. Pues llegado al primer destino me despido de los demás, espero que lo pasen bien y también espero pasarlo bien yo.

Me encuentro en el centro, mucho ruido mucha gente; la cuidad está despierta un caluroso día de verano. Doy una pequeña vuelta pero prefiero sentarme a tomar un café. Espero, hasta que mi tren salga, no tardará mucho.
Hago garabatos en una servilleta, escribo palabras que pasan por mi mente, otras no; no quiero que se queden allí en esa servilleta. Miro el reloj de la estación, se puede ver desde donde estoy sentada. Me marcho, no queda nada para mi tren. Compro mi billete, y me acerco a ver la vía. Montaré, me gusta esperar dentro, así crees que vas a partir de un momento a otro.
Es un trayecto corto aunque para tantas veces que se hace eterno, por eso prefiero escuchar música, los Beatles, sus canciones son alegres y lo único que yo quiero escuchar es algo así. Paramos cada cinco minutos, aunque no baje ni suba nadie. Sí, ya he llegado a mi otro destino, bueno ahora solo tendré que esperar un par de horas y otra vez estaré en marcha.

Busco un buen sitio, la estación está llena. Me siento y abro mi libro, al principio no me enganchaba mucho pero poco a poco me fue gustando más, asesinatos; interesante pero mantenerlos con distancia, si no entraran hasta en vuestros sueños.
Me levanto es hora de coger otro vehículo que me llevará a mi destino final. Espero y espero; pero maldita sea, buf! Odio esta organización, mejor dicho esta desorganización; mi autobús salió hace horas y ¿es que a nadie se le ha ocurrido cambiar los horarios? En fin… hago unas llamadas, para intentar llegar a mi destino de alguna manera. Tendré que esperar algunas horas más, así que voy en busca de un lugar distinto, hace un poco de fresco, es por el aire acondicionado que está a tope, pero me muevo buscando los rayitos de sol que entran por el lucernario.

Odio las esperas, son muy desesperantes; algo incomodas. Delante de mi hay un tipo muy raro, está algo borracho (o muy borracho), me mira; me da asco. Prefiero bajar la mirada y seguir mi lectura, y pienso en los asesinatos; me imagino dentro de la novela siendo un personaje uno de los asesinos ese tal Perry; que crueles fueron y me imagino en su piel, y pienso si sería capaz de hacer algo así, jeje…no. Me levanto y voy a por un café, me vuelvo a sentar. Pienso otra vez en el tipo que está delante de mi, se fue, y volvió,¡Dios! me repugna y tendrá familia e hijos, y a terminado emborracharse en una estación de tren… hay gente muy desajustada por ahí.
Me entra el nerviosismo, llevo tantas horas y los dos cafés del día me han hecho efecto.
Menos mal que me he metido de lleno en la historia de mi libro. Aunque pienso en que hago allí, en esa estación; ¿Qué me ha motivado a llegar hasta aquí? Estoy nerviosa, y como ya no me muerdo las uñas, simulo que me las muerdo.
Cierro mi libro, descanso mi vista, observo. Hay una chica que lleva tantas horas aquí como yo, hasta me mira de forma familiar; hay algún niño correteando y algunos extranjeros. Poco a poco todos se van levantando, o vienen a por ellos o tal vez se marchan solos pero se marchan; van hacia sus destinos. Vuelvo a mi libro, cada cinco minutos miro el reloj; pero es inevitable cuando llevas como cinco o seis horas en un mismo lugar. Alzo mi mirada, veo una sonrisa y va hacia mí; me levanto, por fin se acabo la espera.

cosicas

> solo en mi cabeza


subir encima de tu esencia
sentir que esto no ha pasado
que esto no es real

mentir se hizo evidente
y mi confusión
dejo mi cuerpo inerte
y no te vuelvo a ver

solo en mi cabeza invisible
tan solo una esencia impredecible

mirar dentro de mis ojos
solo puedo ver
un desierto helado
y mi alma me dejo

robarle el odio a mi mente
para no pensar
en un triste día
mi memoria se apagó

cruzar ideas procedentes
de una realidad
que quiso estar presente
y lo consiguió.


gracias por estas palabras


lejos

Parpadeo, vuelvo a parpadear
Tengo tiempo hasta de bajar al mar
De perforar el cielo
Oxigenar el alma y mis pulmones
De desatar un viento
Que me arrastre, adentro.






el silencio

Palabras usadas como violencia
rompen el silencio
dentro de este pequeño mundo.

Pintadas sobre mi
no las puedo entender
¿las entiendes tú?

Están en mis brazos
pintadas sobre ellos
no las necesito.

Quiero olvidarlas
¡quítamelas!
Quiero disfrutar del silencio.

sueños

Es de ponerse a temblar, cuando llegar la hora del sueño y soñar.
todas las noches tiene el mismo sueño, encuentra una puerta y de esa
puerta sale otra, y a su vez otra más pequeña; él siempre quiere entrar.
Porque sabe que detrás de esa puerta hay un jardín, muy, muy verde.
Quiere trepar un árbol verde, pero este siempre crece.
Por lo que nunca llega arriba. Ahora quiere bajar
y en vez de bajar trepando, se tira, y sin caer, va a volar.

Vuela sobre el mar, el lo alto del cielo, se siente hermoso, grande y ligero.
Llega a la montaña, va bajando por la cuesta como en un gran tobogán,
siente miedo y frío pero no puede parar.
Al final choca contra un muro y se pone a llorar; hasta que pasa el susto y siente
una voz de verdad, dice: “ven te quiero alimentar“, el se asoma por la ventana
a mirar, ve una mesa puesta, entra entonces al banquete, para comer sin parar,
mete en sus bolsillos lo que no quiere dejar.

Escucha una música suave, ve acercarse en una nube a un hada de gran belleza.
Ella le sonríe y le tiende su mano como una flor, él la coge enceguecido de amor.
Al abrir los ojos la flor se ha marchitado y, ahora ante él hay un dragón enfadado
hunde su cuerpo en barro, sale, y arranca después, aunque el dragón se ha esfumado.
Logra alcanzar un vagón, el último de ese tren. Corren hacia atrás los postes, las casitas
los árboles, los caballos.

Y dentro toda la gente del tren lo mira enfadado, ellos murmuran: “miente, ese miente”,
él se va sin decir nada.
Como se ha hecho de noche decide volver a casa, se pone a caminar pensando:
no pasa nada.
Sus pasos no avanzan. Pero una puerta se abre ante él, entra en ella, cruza una y otra,
finalmente ve su cama, muy revuelta. Allí se acuesta contento porque allí quiere soñar
con el hada de la flor que no va a marchitar.